Hacer el Amor en la Cocina



Antes de entrar a mi blanca cocina. Dejo atrás el cálido sillón donde dilataban mis pupilas leyendo aquel libro de poesía. Vuela una hoja, el número impar de la mentira:


“ Se entró de tarde en el río,

le sacó muerta el Doctor:

dicen que murió de frío:

yo sé que murió de amor”

José Martí

Y así inicio dicha labor culinaria-mental a procesar ciertos alimentos, cotidianos y saludables, para una mejor digestión emocional:

Una receta que coloca como plato principal al Amor, hay que vivir de él y no morir por su culpa. Esas intoxicaciones afectivas hacen perder nuestro gusto, cada quien construye su platillo a su tamaño…o lo destruye. Cada uno ve lo que quiere ver, come lo que desea y cada quien es capaz de convertirse en el cuchillo asesino que desmenuza la razón y corta los dedos.

El amor no lo puede todo ¡Dios libre! No se digiere con todo, justificar que algunos platillos que hacemos por amor no son ridículos nos pueden llevar a la reacción tóxica de los mismos. Ese reflejo conceptual emanado de la sociedad de que el individuo que “no sufre, no ama”, está rancio y malea los demás alimentos. “El que no trabaja, no come”

Cuando el amor se acaba y se pudre, se bota. Suplicar por amor, es llegar a la feria del agricultor a pedir limosna las seis de la tarde. Cuando este se va, se fue, ya no está y es porque ya no quiere estar . Su sabor se perdió.

Es mejor un adiós útil, que una espera eterna. (cocimiento a fuego lento). La esperanza es otro ingrediente que a veces doblega la realidad y distorsiona el resto de los alimentos.

El ingrediente que tiene el poder dentro de la receta siempre será aquel que necesite menos al otro. Cocinar con independencia es distribuir mejor el poder: tu cocina tu cubertería , mi cocina mi cubertería, nuestra cocina nuestra cubertería. ¡Bárbara forma de hacer el amor en la cocina! Cada quien es verbo y latido.

Recorté de aquel libro de recetas : “ Cocinar con independencia no es desamor, es renovación, es ser uno a pesar del amor y por encima de él” y lo guardé en la bolsa de mi delantal . Seguiré cocinando, con base y respeto un delicioso Mousse de Confianza.

No me importa cuánto cocinen sino cómo lo hacen, no importa cuánto te amen sino cómo lo hagan…es mejor que nos quieran bien a que nos quieran mucho. Ni contigo ni sin ti, ni con cebolla, pero con ajo. Rezar o irse.

Mejor una receta día a día, picante y dulce, donde los ingredientes se acoplen a lo fundamental y nunca lleguen a ser indiferentes ante las alegrías o tristezas del Chef. Ni sean insípidos ante las necesidades de sus comensales. El querer , el compromiso sano y el necesitar deben ser las guarniciones de una linda velada en un restauran francés.


Bon Appétit!

3 comentarios:

Magy dijo...

Muñeca que tan hermoso este post me cautivóy es todo un manual para Hacer el Amor, me fascinó no tengo mucho que agregar cuadno todo lo plasmaste en tan bello texto

Un abrazo :)

Nat dijo...

te quiero ver unida a mi red de artistas emergentes...genial tu blog y tú
te esperamos en
http://letraskiltras.ning.com

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