Explícamelo que no entiendo

-…Me refiero a la imposibilidad de disfrutar una bella melodía, a la imposibilidad de danzar bajo la lluvia sin quejarse por estar con los pies mojados. A eso me refiero.

A las personas ciegas del alma, ciegas del corazón. Las que van en contra de la fuerza del universo. A esas que ponen candados a la felicidad y alimentan sus miedos.

A los obstinados que no se permiten ser felices, que no se arriesgan a nadar otros mares.

Hablo de los disléxicos sentimentales, de los daltónicos de amor.

- Explícame por favor, que yo mismo no entiendo nada de nada. Ni razón ni ser.

Es todo tan simple y de color para mí, que hasta las flores me entienden, los espejos me hablan y las sombras me abrazan.

Yo solo quiero dar amor a quien creo que se lo merece . No tengo otra intención.

Pero ¿de dónde nace el egoísmo, quien lo inventó?

Es todo tan simple, es todo tan esencial.

- ¿Quién tiene derecho?

Mírame, mis ojos no botan lágrimas, sino amor. Estoy estallando y con esto puedo regar su enorme jardín.

He tocado su puerta dos veces y nadie ha salido. Un simple recado que dice : “Te quiero querer, déjate ser feliz” y sólo eso. Sin respuesta, el silencio habla y la respuesta es clara.

Nos negamos a recibir el bien y a ver los atardeceres en abril.

-Dime, ¿cómo se llama la vitamina para querer intentar?

- Dímelo, antes que se apague el sol :

¿Por qué los adultos son tan obstinados?

Corazón maduro


Porque todo madura así como la eterna juventud

Porque todo seca así como la brisa del mar

El corazón madura

Pero no cae


Madura como un niño, ingenuo y confiado

Ciego e ilusionado

Ser no pensante


Madura, pero sin dejar de vivir, sin dejar de jugar

Vive y sonríe

Canta y baila

Egoístamente


El corazón tierno y dopado


Cajón de recuerdos,

Álbumes de color

Donde todo era ilusión

Sentimientos en filo


Amores de la vida

Amores de muerte

Amores ciegos


Tanto melodrama

Tanto blah blah blah



El corazón madura

Piensa y analiza

Y se goza de recuerdos

Recuerdos bellos

Y otros no gratos


Creció mi corazón

No es más grande

Pero es más pensante


El corazón madura

Así como la vida engorda

Agustina


¿A qué le temes, Agustina?

… A que el amor me alcance

Y ¿qué con eso?

… a que me deje atrás

Entonces, le estás temiendo al respirar

— …Y a que el corazón se me arrugue

Hacer el Amor en la Cocina



Antes de entrar a mi blanca cocina. Dejo atrás el cálido sillón donde dilataban mis pupilas leyendo aquel libro de poesía. Vuela una hoja, el número impar de la mentira:


“ Se entró de tarde en el río,

le sacó muerta el Doctor:

dicen que murió de frío:

yo sé que murió de amor”

José Martí

Y así inicio dicha labor culinaria-mental a procesar ciertos alimentos, cotidianos y saludables, para una mejor digestión emocional:

Una receta que coloca como plato principal al Amor, hay que vivir de él y no morir por su culpa. Esas intoxicaciones afectivas hacen perder nuestro gusto, cada quien construye su platillo a su tamaño…o lo destruye. Cada uno ve lo que quiere ver, come lo que desea y cada quien es capaz de convertirse en el cuchillo asesino que desmenuza la razón y corta los dedos.

El amor no lo puede todo ¡Dios libre! No se digiere con todo, justificar que algunos platillos que hacemos por amor no son ridículos nos pueden llevar a la reacción tóxica de los mismos. Ese reflejo conceptual emanado de la sociedad de que el individuo que “no sufre, no ama”, está rancio y malea los demás alimentos. “El que no trabaja, no come”

Cuando el amor se acaba y se pudre, se bota. Suplicar por amor, es llegar a la feria del agricultor a pedir limosna las seis de la tarde. Cuando este se va, se fue, ya no está y es porque ya no quiere estar . Su sabor se perdió.

Es mejor un adiós útil, que una espera eterna. (cocimiento a fuego lento). La esperanza es otro ingrediente que a veces doblega la realidad y distorsiona el resto de los alimentos.

El ingrediente que tiene el poder dentro de la receta siempre será aquel que necesite menos al otro. Cocinar con independencia es distribuir mejor el poder: tu cocina tu cubertería , mi cocina mi cubertería, nuestra cocina nuestra cubertería. ¡Bárbara forma de hacer el amor en la cocina! Cada quien es verbo y latido.

Recorté de aquel libro de recetas : “ Cocinar con independencia no es desamor, es renovación, es ser uno a pesar del amor y por encima de él” y lo guardé en la bolsa de mi delantal . Seguiré cocinando, con base y respeto un delicioso Mousse de Confianza.

No me importa cuánto cocinen sino cómo lo hacen, no importa cuánto te amen sino cómo lo hagan…es mejor que nos quieran bien a que nos quieran mucho. Ni contigo ni sin ti, ni con cebolla, pero con ajo. Rezar o irse.

Mejor una receta día a día, picante y dulce, donde los ingredientes se acoplen a lo fundamental y nunca lleguen a ser indiferentes ante las alegrías o tristezas del Chef. Ni sean insípidos ante las necesidades de sus comensales. El querer , el compromiso sano y el necesitar deben ser las guarniciones de una linda velada en un restauran francés.


Bon Appétit!

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