Explícamelo que no entiendo

-…Me refiero a la imposibilidad de disfrutar una bella melodía, a la imposibilidad de danzar bajo la lluvia sin quejarse por estar con los pies mojados. A eso me refiero.

A las personas ciegas del alma, ciegas del corazón. Las que van en contra de la fuerza del universo. A esas que ponen candados a la felicidad y alimentan sus miedos.

A los obstinados que no se permiten ser felices, que no se arriesgan a nadar otros mares.

Hablo de los disléxicos sentimentales, de los daltónicos de amor.

- Explícame por favor, que yo mismo no entiendo nada de nada. Ni razón ni ser.

Es todo tan simple y de color para mí, que hasta las flores me entienden, los espejos me hablan y las sombras me abrazan.

Yo solo quiero dar amor a quien creo que se lo merece . No tengo otra intención.

Pero ¿de dónde nace el egoísmo, quien lo inventó?

Es todo tan simple, es todo tan esencial.

- ¿Quién tiene derecho?

Mírame, mis ojos no botan lágrimas, sino amor. Estoy estallando y con esto puedo regar su enorme jardín.

He tocado su puerta dos veces y nadie ha salido. Un simple recado que dice : “Te quiero querer, déjate ser feliz” y sólo eso. Sin respuesta, el silencio habla y la respuesta es clara.

Nos negamos a recibir el bien y a ver los atardeceres en abril.

-Dime, ¿cómo se llama la vitamina para querer intentar?

- Dímelo, antes que se apague el sol :

¿Por qué los adultos son tan obstinados?

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